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quinta-feira, 29 de agosto de 2013

Fracking

La tentación es grande, y no es únicamente de naturaleza económica. Las compañías petroleras de Estados Unidos no sólo tienen en sus manos un campo de negocios de alta rentabilidad, sino que ese y otros países, quieren ver en esto la posibilidad de la independencia energética, un asunto de naturaleza política. Los americanos quisieran liberarse del petróleo del conflictivo medio oriente y también del contaminado de política e ideología proveniente de Sudamérica.

El shale gas parece cumplir ese sueño. Los altos precios del petróleo y el desarrollo de una nueva tecnología de perforación horizontal ha hecho rentable la explotación de los millones de millones de pies cúbicos de petróleo y gas atrapados en las profundidades rocosas del subsuelo de muchos países del mundo, incluyendo a México. La fracturación hidráulica o Fracking, técnica que se usa en Estados Unidos desde los años cuarenta, consiste en la perforación del subsuelo rocoso en donde se haya aprisionado el gas o petróleo, particularmente rocas deesquisto o pizarra. Posteriormente se inyecta agua a alta presión, arena y poderosas y tóxicas sustancias químicas para fracturar las rocas que permite la liberación del gas allí acumulado.

Estados Unidos posee reservas de shale gas y petróleo que, según los promotores de esta industria, podría brindar electricidad barata a los hogares estadounidenses durante los próximos 50 años.

El aparente éxito económico de la explotación del shale gas en Estados Unidos ha contagiado a diversos países, sobre todo de Europa Occidental, de una especie de euforia incontenible, que se combina con el deseo profundo de buscar la independencia energética y, sobre todo, sacudirse de la incómoda dependencia del gas ruso. No obstante, algunos países como Francia y Rumania han prohibido su explotaciónpor razones ambientales. Otros países enfrentan intensas protestas de grupos ambientalistas y residentes que se oponen a su extracción por los riesgos de contaminación, los impactos al medio ambiente y a la salud humana que, se supone, están asociados con las sustancias químicas que se utilizan, muchas de las cuales están prohibidas, mientras otras permanecen en el anonimato. El presidente Obama lanzó en mayo una iniciativa para regular la explotación del shale gas, en la cual les ratificó a las compañías petroleras y químicas el derecho a la secrecía de las sustancias utilizadas.

El presidente de México Enrique Peña Nieto puede no sentirse sólo en la exaltación con la que anuncia, como parte de su reforma energética, el papel que puede tener el petróleo y el shale gas, que abunda en el subsuelo mexicano especialmente en algunos estados del norte, en los que por cierto la escasez de agua adquiere rasgos dramáticos. Otros jefes de Estado festejan por adelantado la bonanza y prosperidad que ven venir en un futuro cercano. Los argumentos de los gobiernos y de las compañías petroleras en distintas partes del mundo son idénticos. En México el gobierno lo repite casi de memoria: estamos sentados encima de un mar de petróleo y gas, de una riqueza inconmensurable que no estamos explotando y que podemos utilizar para bien de los mexicanos, para un futuro más próspero y para resolver el hambre y la pobreza. Pareciera que el propósito primordial de las compañías petroleras fuera buscar el bien de los mexicanos, y que la pobreza se redujera a un problema de producción y del tamaño del pastel que se quiere repartir, y no también a uno de las normas de distribución que rigen a una nación y del poder económico y político diferencial en manos de quienes se reparten la riqueza producida.

Nadie quiere ver hoy día el costo de tanta bondad. Algo de lo que no se quiere hablar demasiado para no parecer aguafiestas, cuando la fortuna parece sonreír, son los millones de litros de agua que cada pozo perforado requiere para el fracking, las venenosas sustancias tóxicas que se utilizan en la fractura de las rocas, las cuales amenazan de contaminación a los acuíferos, la materia radiactiva que puede salir a la superficie con la perforación de las rocas, la actividad sísmica que se genera, el problema de escasez de agua que regularmente caracteriza a las zonas de explotación, lo cual en Texas hoy día se ha vuelto una situación dramática. El mes pasado, el pueblo texano de Barnhart, una de las sedes del nuevo boom petrolero, se quedó sin agua para consumo doméstico.

Estos, no obstante, son tiempos de festejos, tiempos para no pensar en efectos perversos; la naturaleza es unacosa, algo para hacer negocios, son objetos, materia muerta, materia prima, recursos para la producción; no es más fuente de vida;es el mundo de lo no humano que debemos someter y poner al servicio de nosotros, seres excepcionales, momento elevado de la creación; la naturaleza y sus bienes están allí para ser comercialmente explotados, para que la maquinaria económica no se detenga: he allí los valores y la mentalidad detrás de la crisis ambiental contemporánea.

Fonte: joseluislezama.com - 24/08/2013